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<<<EL
HOMBRE SE ALIENA EN SU TRABAJO.>>>
Objetivo
específico
Establecer
las ideas principales del marxismo referentes al trabajo alienado y
distinguir las formas que asume la alineación en el trabajo y la
vida en general.
Temas
—
Las tres formas de alienación del trabajo.
—
El trabajo alienado y la desintegración de las relaciones
humanas.
Contenido
El
trabajo es la esencia del hombre y el medio por excelencia para su
realización. Pero el tipo de trabajo que hay en la sociedad
capitalista es un trabajo alienado, o sea, un trabajo que ha perdido
su esencia, que se ha hecho extraño, que ya no es la realización
del ser humano sino el medio fundamental de su destrucción.
Marx
considera tres formas distintas de alienación del trabajo:
a)
La alienación del obrero respecto de los productos de su trabajo.
El obrero pone toda su vida en un objeto que, una vez terminado,
ya no le pertenece.
b)
La alienación de obrero en el acto de la producción. En la
actividad productiva, el obrero se siente extraño y a disgusto;
trabaja en algo que no le gusta, lo hace forzadamente. En el acto
de la producción el obrero no es tratado como hombre.
c)
La alienación del obrero respecto del género humano. Por medio
del trabajo alienado, el hombre se hace extraño:
—
a la naturaleza, a la que destruye;
—
a los otros hombres, con quienes entra en competencia
desleal.
Pero
la alienación en el trabajo no es una alienación más, sino el
modelo de toda alienación. El trabajo alienado aliena todas las
relaciones humanas: las relaciones familiares, afectivas, las
diversiones, etc. El hombre que trabaja en condiciones de alienación
sólo se puede relacionar alienadamente con las cosas y con las demás
personas.
Leamos
lo que afirma Marx en una de sus más importantes obras.
"Nosotros
partimos de un hecho económico actual. El obrero se empobrece más
cuanto más riqueza produce, cuanto más aumenta su producción en
extensión y en poder. El obrero se transforma en mercancía tanto más
barata cuanto más mercancía produce. Mientras que se valoriza el
mundo de las cosas, se desvaloriza, en razón directa, el mundo de
los hombres. El trabajo no sólo produce mercancías; se produce
también a sí mismo y al obrero como mercancía, y, además, en la
misma proporción en que produce mercancías en general".
"Todas
estas consecuencias están determinadas por el hecho de que el
obrero se relaciona con el producto de su trabajo como con un objeto
ajeno. Efectivamente, partiendo de esta premisa, es evidente que
cuanto más se mata el obrero trabajando, tanto más poderoso se
vuelve el mundo material ajeno a él que crea frente a sí, tanto más
pobres se tornan él y su mundo interior, tanto menos es dueño de sí
mismo. Igual ocurre en la religión. Cuanto más pone el hombre en
Dios, menos guarda de sí mismo. El obrero entrega su vida al
objeto, pero a partir de ser creado el objeto, el obrero ya no se
pertenece a sí mismo, sino que le pertenece al objeto. Por
consiguiente, el obrero estará cada vez más carente de objetos,
cuanto mayor sea esta actividad. Lo que es el producto de su trabajo
no lo es él. Cuanto mayor sea, pues, este producto, menos será el
mismo. La enajenación del obrero en su producto significa no sólo
que su trabajo se ha transformado en un objeto, en una existencia
externa, sino que esta existencia está fuera de él, es
independiente de él y ajena a él y representa un poder propio y
sustantivo frente a él; la vida que el obrero ha dado al objeto se
enfrenta a él como algo extraño y hostil".
"La
enajenación del obrero en su objeto se expresa, de acuerdo con las
leyes
económicas, en que cuanto más produce el obrero, menos consume;
cuanto más valores crea, menos valor y dignidad tiene él; cuanto más
elaborado su producto, más deforme es el obrero; cuanto más
perfecto su objeto, más bárbaro es el trabajador; cuanto más
fuerte el trabajo, más impotente quien lo realiza; cuanto más
ingenioso el trabajo, tanto más embrutecido y esclavizado a la
naturaleza está el obrero.
Es
evidente que el trabajo produce maravillas para los ricos, pero para
los obreros produce privaciones y penurias. Produce palacios, pero
tugurios para el obrero. Produce belleza, pero deformidades a los
obreros. Sustituye el trabajo por máquinas, pero arroja nuevamente
a una parte de los obreros a un trabajo propio de bárbaros y
convierte a la otra parte de ellos en máquinas. Produce espíritu,
pero estupidez y cretinismo para los obreros.
Hasta
ahora, sólo hemos considerado la enajenación del obrero en uno de
sus aspectos, en su relación con los productos de su trabajo. Sin
embargo, la enajenación no sólo se manifiesta en el resultado,
sino además en el acto de la producción, en la actividad
productiva misma. ¿Cómo se podría enfrentar el obrero al producto
de su actividad como algo extraño, si ya en el acto de la producción
no se enajenase a sí mismo? El producto no es, al fin y al cabo,
sino el Resumen de la actividad, de la producción. Así, pues, si
el producto del trabajo es la enajenación, la producción misma ha
de ser necesariamente la enajenación activa, la enajenación de la
actividad, la actividad de la enajenación. La enajenación del
objeto del trabajo resume simplemente la enajenación, el extrañamiento
propio de la actividad del trabajo mismo.
Entonces,
¿en qué consiste la enajenación del trabajo?
Primero,
en que el trabajo es algo externo al obrero, es decir, no forma
parte de su esencia, y, por tanto, el obrero no se afirma en su
trabajo, sino que se niega; no se siente a gusto, sino disgustado,
no desarrolla sus libres energías físicas y espirituales, sino que
mortifica su cuerpo y arruina su espíritu. Por eso el obrero sólo
se siente en sí fuera del trabajo, mientras que en el trabajo se
siente fuera de sí. Recobra su personalidad cuando no trabaja, y
cuando trabaja no es él. Por tanto, no trabaja por voluntad, sino
obligado; su trabajo es un trabajo forzado. Por eso no representa
para él la satisfacción de una necesidad, sino sólo un medio de
satisfacer necesidades extrañas a él. El carácter extraño de su
trabajo se evidencia claramente en el hecho de que tan pronto como
cesa la coacción física o cualquier otra que lo obliga a trabajar,
el obrero huye del trabajo como de la peste. El trabajo externo, el
trabajo en que el hombre se enajena, es un trabajo de
autosacrificio, de mortificación. En definitiva, la exterioridad
del trabajo para el obrero se muestra en que no es algo suyo, sino
de otro, en que no le pertenece, y en que él mismo, en el trabajo,
no se pertenece a sí mismo, sino que le pertenece a otro. Igual que
en la religión, la actividad propia de la fantasía humana, de la
mente y del corazón humanos, actúa sobre el individuo
independientemente de él, es decir, como una actividad extraña,
divina o diabólica; así también la actividad del obrero no es su
propia actividad. Pertenece a otro y representa la pérdida de sí
mismo.
De
esta forma, el hombre (el obrero) sólo se siente como un ser libre
en sus funciones animales, cuando come, bebe y procrea, máximo
cuando viste y habita bajo un techo, mientras que en sus funciones
humanas se convierte simplemente en un animal. Lo animal se
convierte en lo humano y lo humano en lo animal. Comer,
beber, procrear, etcétera, son también, sin duda, auténticas
funciones humanas. Pero en la abstracción, separadas de todo el
resto de actividades humanas y convertidas en fin único y
exclusivo, son funciones animales.
Tenemos
que extraer aun de las dos anteriores una tercera determinación del
trabajo enajenado.
El
hombre es un ser genérico, no sólo porque tanto en la práctica
como en la teoría convierte en objeto suyo el género, tanto el
suyo propio como el de las demás cosas, sino además —y esto no
es más que una forma diferente de expresar lo mismo— porque se
relaciona con sí mismo como con el género vivo y actual, como con
un ser universal y, por eso, libre.
El
trabajo enajenado, 1) porque convierte a la naturaleza en algo ajeno
al hombre, y 2) porque se enajena a sí mismo, su propia función
activa, su actividad vital, hace del género algo ajeno al hombre;
hace que su vida genérica se convierta en medio de la vida
individual. En primer lugar enajena la vida genérica y la vida
individual y, en segundo lugar, convierte a la vida individual en su
abstracción, en el fin de la vida genérica, también bajo su forma
abstracta y enajenada".
En
primer lugar, el trabajo, la actividad vital, la vida productiva
misma, aparece ante el hombre como un medio para satisfacer una
necesidad, la necesidad de mantener la existencia física. Sin
embargo, la vida productiva es la vida de la especie. Es la vida que
engendra vida. En el tipo de actividad vital reside todo el carácter
de una especie, su carácter genérico, y la actividad libre y
consciente es el carácter genérico del hombre. La vida misma
aparece sólo como medio de vida.
Marx,
Karl. Manuscritos
económico—filosóficos de 1844.
Bibliografia
de la informacion anterior:
NEIRA
F., Cermenza y Otros, Filosofia, 6º de Bachilerato por radio,
grado 11, Inravisión, Bogota D.C, sin fecha.
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