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EL HOMBRE TRANSFORMA EL MUNDO>>>
Objetivo
específico
Identificar
la concepción marxista del hombre fundamentado en la función del
trabajo como elemento constitutivo y constituyente de la naturaleza
humana.
Temas
—
El concepto marxista del trabajo.
—
La enajenación del trabajo humano.
Contenido
Para
Marx, el hombre es, ante todo, un ser trabajador. El trabajo es la
esencia del hombre, es la condición básica y esencial de la vida
humana. Mediante él, el hombre transforma la naturaleza y se
construye a sí mismo.
Por
eso, el hombre, más que dedicarse a contemplar e interpretar el
mundo, debe lanzarse a transformarlo efectivamente. Y en esta
actividad transformadora, el hombre, por medio de su trabajo, puede
expresar lo que es, lo que siente, lo que piensa.
Pero,
en la sociedad capitalista, el trabajo, que debía ser el valor por
excelencia, ha perdido su dignidad porque se ha puesto al servicio
del capital. Hoy en día vale más el dinero que el trabajo de un
hombre. Este es solo un gasto más para la producción y, por eso, a
cambio de un cierto número de horas de trabajo se le remunera con
un mísero salario.
"Hasta
ahora, los filósofos se han dedicado a interpretar el mundo de
diversas formas; pero de lo que se trata es de transformarlo"
*.
"El
trabajo es la fuente de toda riqueza, afirman los especialistas en
economía política. Lo es, en efecto, a la par que la naturaleza,
que le provee de los materiales que él convierte en riqueza. Pero
el trabajo es muchísimo más que eso. Es la condición básica y
fundamental de toda la vida humana. Y lo es en tal grado que, hasta
cierto punto, debemos decir que el trabajo ha creado al propio
hombre" **.
"El
trabajo es, en primer término, un proceso entre la naturaleza y el
hombre, proceso en que este realiza, regula y controla mediante su
propia acción su intercambio de materias con la naturaleza. En este
proceso, el hombre se enfrenta como un poder natural con la materia
de la naturaleza. Pone en acción las fuerzas naturales que forman
su corporeidad, los brazos y las piernas, la cabeza y la mano, para
de ese modo asimilarse, bajo una forma útil para su propia vida,
las materias que la naturaleza le brinda. Y a la par que de ese modo
actúa sobre la naturaleza exterior a él y la transforma,
transforma su propia naturaleza, desarrollando las potencias que
dormitan en él y sometiendo el juego de sus fuerzas a su propia
disciplina. Aquí partimos del supuesto del trabajo plasmado ya bajo
una forma en la que pertenece exclusivamente al hombre.
Una
araña ejecuta operaciones que semejan a las manipulaciones del
tejedor, y la construcción de los panales de las abejas podría
avergonzar, por su perfección, a más de un maestro de obras. Pero,
hay algo en que el peor maestro de obras aventaja, desde luego, a la
mejor abeja, y es el hecho de que, antes de ejecutar la construcción,
la proyecta en su cerebro. Al final del proceso de trabajo, brota un
resultado que antes de comenzar el proceso existía ya en la mente
del obrero; es decir, un resultado que tenía ya existencia ideal.
El obrero no se limita a hacer cambiar de forma la materia que le
brinda la naturaleza, sino que, al mismo tiempo, realiza en ella su
fin, fin que él sabe que rige como una ley las modalidades de su
actuación y al que tiene necesariamente que supeditar su voluntad.
Y esta supeditación no constituye un acto aislado.
Mientras
permanezca trabajando, además de esforzar los órganos que
trabajan, el obrero ha de aportar esa voluntad consciente del fin a
que llamamos atención, atención que deberá ser tanto más
reconcentrada cuanto menos atractivo sea el trabajo por su carácter
o por su ejecución para quien lo realiza, es decir, cuanto menos
disfrute de él el obrero como de un juego de sus fuerzas físicas y
espirituales" ***.
"Comprendo
también, por tanto, que el salario y propiedad privada son idénticos,
pues el salario con que se paga el producto, el objeto del trabajo,
el trabajo mismo, es simplemente una consecuencia necesaria de la
enajenación del trabajo; además, por otra parte, en el salario del
trabajo no aparece como fin en sí, sino como un instrumento del
salario. Desarrollaremos esto más tarde, limitándonos a extraer
ahora algunas consecuencias.
Un
aumento de salario hecho a la fuerza (prescindiendo incluso de todas
las demás dificultades y de que por tratarse de una anomalía sólo
podría mantenerse por la fuerza) no sería, por tanto, más que una
mejor remuneración de los esclavos, que no otorgaría ni al obrero
ni al trabajo su función y dignidad humanas.
Incluso
la igualdad de los salarios, coma la postula Proudhon, sólo
convertiría la relación entre el obrero actual y su trabajo en la
relación de todos los hombres hacia el trabajo. La sociedad se
concebiría como un capitalista abstracto.
El
salario es la consecuencia directa del trabajo enajenado y éste, a
su vez, la consecuencia directa de la propiedad privada. Cuando
desaparece uno de estos términos, necesariamente tiene que
desaparecer, por tanto, el otro" ****.
*
MARX, Karl. Tesis sobre
Feuetbach.
**
ENGELS, Federico. El papel
del trabajo en la transformación del mono en hombre.
***
MARX, Karl. El Capita
****
MARX, Karl. Manuscritos económico – filosóficos de 1844
Bibliografia
de la informacion anterior:
NEIRA
F., Cermenza y Otros, Filosofia, 6º de Bachilerato por radio,
grado 11, Inravisión, Bogota D.C, sin fecha.
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